Películas

LAS TRUCHAS (José Luis García Sánchez, 1978)

Del río, sus productos

Las cosas buenas que nacieron en España en 1978 no se limitan a la Constitución. Esta comedia escrita por su director, José Luis García Sánchez, en colaboración con Manuel Gutierrez Aragón y Luis Megino, ganó el Oso de Oro de Berlín de aquel año, ex aequo con otra película española Las palabras de Max, el debut de Emilio Martínez-Lázaro. En los periódicos de entonces se entendió el premio como un apoyo al cine español en plena transición. Puede que lo fuera, pero con Las Truchas el jurado premió una película muy original, que bebe a medias de Buñuel, en el planteamiento y la trama, y a medias de Berlanga, en diálogos y personajes. Las Truchas se mueve entre la sátira y la alegoría, y narra, con el humor de nuestro mejor cine, un banquete de un club de pescadores de caña. El reparto numeroso cuenta con caras muy conocidas, algunas muy jóvenes entonces: Héctor Alterio, Verónica Forqué, Mary Carrillo, Luis Ciges, Antonio Gamero, Enrique San Francisco o Walter Vidarte. Las Truchas es una de las joyas del cine español. Mucho menos vista de lo que merece. Nos alegra traerla a CINEFRANCA.

 

LA REINA DE AFRICA (African Queen, John Huston, 1952)

La vida, el río. El amor, los rápidos.

Ir a cazar elefantes a África puede causar graves trastornos. Dicen que John Huston rodó este filme porque quería cazar un elefante en África. Clint Eastwood dirigió una muy buena película, Cazador Blanco, Corazón Negro, sobre ese deseo y sobre el rodaje de La Reina de África. Si Clint Eastwood filmó, cuarenta años después una película sobre el rodaje de otra película, es que esta última no era una película cualquiera. No lo es. La Reina de África es un largometraje de amor y aventuras protagonizado por un borracho y una beata, única tripulación del destartalado vapor que da nombre a la película, en un viaje fluvial a favor de la corriente y en contra del enemigo y la Historia. Ese borracho es Humphrey Bogart y esa beata es Katherine Hepburn. Las interpretaciones de ambos son memorables y la química entre los dos es de las que anima, un poquito, a vivir bien y disfrutar del río. John Huston escribió el guion de esta película con James Agee.

 

LA LEY DEL SILENCIO (On the Waterfront, Elia Kazan, 1954)

Un río de excusas

Los estibadores de Nueva York trabajan en el estuario del río Hudson. Sin río, no habría desembocadura, ni muelles, ni Nueva York, ni esta película. Estrenada en 1954, la obra maestra de Elia Kazan cuenta una potente historia de resistencia individual frente a un sindicato corrupto. El guion lo había escrito Budd Schulberg (cuyas memorias, De Cine, editadas por Acantilado, recomendamos vivamente). Schulberg y Kazan pasaron a la historia de la “caza de brujas” auspiciada por el Senador McCarthy como dos de los más conspicuos delatores. No es cierto, la delación de Kazan de 1953, tan famosa, fue inane: los ocho nombres revelados de la célula a la que había pertenecido quince años antes, ya habían sido denunciados. La resistencia de un hombre frente a su entorno y el conflicto de delación que muestra La Ley del Silencio (en México, patria de Rosaura Revueltas, la llamaron Nido de Ratas) fue interpretada en clave de reivindicación de las intervenciones de Kazan y Schulberg ante el Comité de Actividades Antiamericanas. Sea como fuere, la película es una absoluta obra maestra. Marlon Brando encabeza un magnífico reparto, en el que le acompañan Eve Marie Saint, Karl Malden, Lee J. Cobb, premiados los cuatro con su Oscar. Rod Steiger, paradójicamente, se quedó sin él.

 

APOCALYPSE NOW (Francis Ford Coppola, 1979)

Remontando

La vieja y tópica disquisición ¿el libro o la película? se enfrenta en ocasiones a dilemas como éste. La novela corta de Joseph Conrad El Corazón de las Tinieblas, que cuenta la misión del capitán Marlowe, remontando el río Congo en busca de Kurtz, sirvió de inspiración al guion de Apocalypse Now. John Milius y Coppola trasladaron la acción a la guerra de Vietnam. El aliento épico de la búsqueda, del viaje, aguas arriba, en pos del misterio quedó indemne; si perdió algo de la profunda poesía de la novela, la película se exaltó en un gran espectáculo, cuyos fotogramas, cuyos sonidos (es ver esta foto y escuchar a Wagner) han pasado a la historia del cine. El rodaje de Apocalypse Now en Filipinas, estaba previsto para seis semanas y duró dieciséis meses. La productora y el mismo Coppola estuvieron a punto de tirar la toalla en varias ocasiones. El protagonista de la película es Martin Sheen. Pese a su soberbia interpretación, en la retina del espectador se quedan otros dos actores, con partes mucho más breves: Marlon Brando y Robert Duvall. Apenas le dieron Oscar, fue batida por una película mediocre como Kramer contra Kramer. Tuvo un gran éxito de taquilla.

 

MUERTE EN EL NILO (Death on the Nile, John Guillermin, 1978)

Poirot en el río más largo

Un crucero por el Nilo es el escenario de esta intriga basada en una novela de Agatha Christie. EL detective Hercules Poirot es el encargado de indagar y resolver el misterio. Clásicos del whodunit, tanto la novela como la suntuosa adaptación encargada a John Guillermin. Tras el éxito de taquilla que obtuviera el gran Sidney Lumet, unos años antes, con Asesinato en el Orient Expres, otra adaptación de una novela de la serie Poirot, los productores ingleses probaron de nuevo fortuna. Muerte en el Nilo no fue tan buen negocio. El presupuesto fue mayor y congregó un reparto de estrellas, digno de una película de catástrofes. En Muerte en el Nilo coincidieron Bette Davis con Mia Farrow, David Niven con Maggie Smith, George Kennedy con Jane Birkin. La película, sin embargo, tiene dos ventajas sobre el precedente de Lumet. El guion lo firma Anthony Shaffer, que hasta entonces había escrito solo otros tres: ni más ni menos que, Frenesí, La Huella y El Hombre de Mimbre. El protagonista es un magnífico Peter Ustinov que quedó caracterizado para los restos como el Hercules Poirot canónico y que -en este papel- aventajó a Albert Finney, acaso algo exagerado en su recreación del detective en Asesinato en el Oriente Express.

 

DELIVERANCE (John Boorman, 1974)

La bestia viaja por el río

Una de las películas más desagradables de los años setenta, llena de connotaciones masoquistas, según la reseña que publicó Ángel Fernández Santos en El País en 1984. Esto es lo que nos trae este río. El director de Deliverance, el británico John Boorman, no se suele andar por las ramas. En esta ocasión, mortificó a un grupo de amigos que quedan para pasar unos días de caza y pesca en un bucólico paraje, por el que corre alegremente el río. Rodó la película con muy poco presupuesto, y, cosa rara, cuentan que los actores estaban levemente asegurados, pese al riesgo evidente de las secuencias de canoa que filmaron. A la destreza del director se debe la eficacia del filme. Según Fernández Santos “el espectador acepta unas leyes de juego que luego se vuelven contra él. Y lo que comienza como una aventura exterior, de otros, se convierte en una desventura interior, propia”. El reparto incluye a Jon Voigt, en su década de mayores logros, a Ned Beatty (que se lleva la parte más delicada) y a Burt Reynolds, quien realiza un gran trabajo de exigencia física considerable; nos dejó hace unos meses y la seguía considerando como su mejor película. Deliverance se estrenó en 1972: la fuerza, por no decir bestialidad, de muchas de sus secuencias está intacta.

 

RÍO ROJO (Red River, Howard Hawks, 1948)

No llegará la vaca al río

Si se hace un ciclo sobre ríos, alguno de los cuatro westerns que John Wayne protagonizó y llevan el río en el titulo debe caer. Ninguno de los ríos de estas cuatro películas (una dirigida por John Ford, Río Grande, y las otras tres por Howard Hawks, Río Rojo, Río Bravo y Río Lobo) es el mismo. Y no empleamos la paradoja de Heráclito. Los hay de frontera, como el Río Grande de John Ford, hay arroyuelos de poblado, como el de Río Bravo, y los hay de destino, como este Río Rojo; en Río Lobo es el nombre de una pequeña ciudad del oeste. Hemos escogido Río Rojo por muchas razones, pero la principal se llama Montgomery Clift, un actor totalmente opuesto a Wayne, lleno de matices, delicado y con una versatilidad que a Wayne le faltaba. Clift, joven, era su primera película, venía de Broadway donde Hawks lo vio. Confesó que se sentía cohibido por su compañero de reparto, la estrella del western por antonomasia. Clift está perfecto y John Wayne logra una de sus mejores composiciones (cuando John Ford vio la película se “indignó” ante la gran actuación de Wayne, pues nunca lo había visto en sus películas tan conmovedor -tendría que esperar a Centauros del Desierto). Howard Hawks siempre fue un gran director de actores.

 

El Héroe del Río (Steamboat Bill, Buster Keaton Cares Reisner,1928)

El río es de todos.

Cuenta Louise Brooks que visitó a Buster Keaton por la época en la que se rodó esta película: en medio del enorme salón de su gran casa de Beverly Hills, Keaton había colgado un cortinón rojo con el que se desplazaba, usándolo a guisa de liana, para poner un aperitivo a su invitado o sentarse en la banqueta del piano. El Héroe del Río es la última gran película de Buster Keaton pero fue un fracaso de taquilla, con el que a Keaton se le acabó la libertad creativa que le permitía hacer las cabriolas, brincos y corvetas que necesitaba hacer -también en su casa. Buster Keaton era un adicto al exceso circense. Unos excesos que le tocaban en suerte a sus personajes, tipos anodinos con pinta enclenque y cara eterna de pal, víctimas cómicas perfectas para esos excesos. Pero sus películas siguen divirtiendo no solo por eso. Están pensadas al detalle, no reparan en gastos de producción y están bien contadas. En El Heroe del Río, una historia de amor imposible, mezclada con otra de amor filial, en el que el personaje de Keaton trata de preservar el tráfico del vapor de su padre, al tiempo que se enamora de la hija del armador rival.